36 Tatiana
El avión procedente de Maracaibo había aterrizado en Maiquetia, el aeropuerto de
Caracas a eso de las 10 de la noche.
Los pasajeros esperábamos de pie que abrieran las puertas para salir.
Delante mío una joven alta y hermosa.
Le hice algunos comentarios en busca de una relación inicial. Fue escasamente receptiva.
Mientras esperábamos las maletas le propuse llevarla hasta Caracas.
Dijo que no. Después aceptó.
En el camino las relaciones se encendieron.
Le propuse que en lugar de irse a casa pasáramos la noche en mi departamento en La
Lagunita y que al día siguiente le dijera a su esposo que había perdido el avión la noche
anterior en Maracaibo.
No supe si acarició la idea.
No insistí. Sólo le reiteré que lo pasaríamos bien. Que el apartamento es bello y agradable.
Que la vida exige sacrificios.
Finalmente no aceptó.
La dejé en la puerta del edificio donde vive.
Al día siguiente la llamé a su oficina. Solo tomaron el mensaje.
Insistí durante algunos días.
Decidí que la oportunidad había desaparecido.
Tal vez un año después, mal vestido como de costumbre, desayunaba a las seis de la
mañana en el aeropuerto de Maiquetia para embarcarme hacia Maracaibo.
Apareció Tatiana con su esposo, un sujeto de barba como yo.
Desayunaron en una mesa cercana a la mía desde la cual yo podía verlos ampliamente.
Ella también podía verme. Estuvo exageradamente cariñosa con su marido.
Después se reunió con unos sujetos elegantes que la esperaban y embarcó con ellos en
clase ejecutiva.
Yo no habia conseguido cupo en clase ejecutiva.Viajé en uno de los últimos asientos de
clase turista.
Cuando llegamos a Maracaibo, en esa época en que no había mangas para entrar y salir de
avión, bajé por la puerta de atrás.
Cuando me disponía a caminar hacia la salida vi que ella, que se había bajado con el grupo
de ejecutivos por la puerta delantera del avión, algo les dijo, los dejó en espera y se acercó
hasta mí.
Esta noche estaré en el hotel del Lago, dijo, y se devolvió hacia su grupo.
Tomé un taxi hasta el varadero entonces en construcción.
Poco después de llegar a obra apareció en el lugar un fiscal judicial para informarme que
esa obra y todas las demás que desarrollaba nuestra empresa habían sido embargadas por
el banco de Maracaibo.
Yo no tenía ninguna experiencia acerca de cómo manejar una situación de esta naturaleza.
Hice algunas llamadas a Caracas para conversar con mi socio Giácomo Clérico.
Como no lo conseguí me fui al aeropuerto y tomé el primer avión hacia Caracas, con lo
cual el proyecto Tatiana tan largamente acariciado encontró sagrada sepultura.
Esta noche me enteré que la mayor parte de los grandes bancos de Venezuela habían
quebrado. Que mi socio estaba inubicable.Que la casa de su único hijo Juan Francisco
habia sido allanada. Mostraban en la televisión sus documentos personales que la policía
había encontrado en el allanamiento.
Las autoridades del país, con la estupidez que las caracterizaba, habían resuelto que todos
aquellos que éramos importantes deudores de algún banco éramos unos delincuentes y
teníamos que ir presos.
El presidente del banco Consolidado escapó de la oficina principal del banco, en La
Castellana, escondido en la maleta de un carro.